Ayer fue un día propicio para chequear cómo llevamos eso de gestionar la incertidumbre. Desde mi mirada de psicóloga disfruté cuál técnico de laboratorio la reacción de mis vecinos, jóvenes y mayores, desde el minuto uno del apagón que vivimos. Contemplé cómo en la expresión de cada uno de los rostros con los que me cruzaba, se vislumbraba un patrón de procesamiento, atisbos de una personalidad determinada y maneras de gestionar la incertidumbre. Sentada en el coche, encendí la radio y fui la proveedora de información de todo aquél que se acercaba, curioso o preocupado, para conocer algún detalle sobre el motivo del apagón y su pronóstico. En el parque ví caras nuevas, posturas erguidas y adolescentes hablando orgullosos por haber sabido encontrar a sus amigos sin antes contactar con ellos. «¡Sabía que aquí habría alguien, bro!». 

No tardaron en llegar los primeros padres y madres con sus hijos. «Hemos ido a buscarles por si acaso». «Así estoy más tranquilo». «No sabía cómo se podía tomar mi hijo esta situación de incertidumbre». «Mis hijos cómo están conmigo, no van a estar con nadie». «El profesor estaba dando clase como si nada y nos ha dicho que si me los llevaba contará como falta, pero me da igual».  Ayer fue un día propicio para chequear cómo llevamos esto de la incertidumbre, sí. Todos en general, pero los padres y madres en particular. Y muchas cosas más también podíamos haber revisado.

Todos tuvimos el reflejo de ir a sacar a nuestros hijos del colegio. Estamos programados para que ése sea el acto reflejo fruto de conexiones neuronales que nos han salvado el pellejo en múltiples ocasiones con el paso de los años en la evolución de la especie humana. Sin embargo, se nos llena la boca cuando intentamos, con monólogos interminables, que nuestros hijos sean menos impulsivos, más reflexivos, que actúen sopesando bien las posibles consecuencias y deliberando entre todos para llegar a un acuerdo que sea lo más acertado posible, para solventar un problema que se les presenta. Y ante todas nuestras acciones, nuestros hijos permanecen frente a nosotros, y otros adultos que les rodean, absorbiendo cómo nos hablamos, cómo nos movemos y cómo tomamos las decisiones que tomamos.  Los Psicólogos lo llamamos «aprendizaje por modelado de conducta» y es más antiguo que la electricidad. 

Las profesoras asistieron ayer a un ejemplo clarificador de modelado de conducta, de padres a hijos. ¿Cómo va a gestionar un niño o un adolescente la incertidumbre? Lo hará como ve que la gestionan sus adultos de referencia: padres y madres, profesores. Si la ansiedad es uno de los problemas dominantes en salud mental actualmente, creciente en niños y adolescentes, y la emoción que hay detrás de la ansiedad es el miedo… ¿Qué tipo de reflexión deberíamos hacer como sociedad en general, como padres y madres en particular? Porque desde luego tenemos la responsabilidad de -hoy sí-  pararnos antes de seguir actuando, reflexionar sobre nuestros valores, – ¿cómo nos gustaría ver a nuestros hijos dentro de 20 años?- y discriminar qué acciones nos están acercando al tipo de padres que queremos ser para nuestros hijos y cuáles nos están alejando. 

__________________________________________________

Psicólogas: Noelia Sánchez Morejón y Natalia Pedrajas Sanz

LinkedIn: Noelia Sánchez Morejón