Desde Apoyo Psicológico En Casa queremos compartir este texto de la psicóloga y orientadora educativa Raquel Barrio Lera, sobre la situación en la que se encuentran los centros educativos en referencia a la gestión de la salud mental de sus alumnos. La orientación educativa es de vital importancia para poder diagnosticar y tratar a tiempo los síntomas del trastorno mental en niños y adolescentes.

 

Maricruz, la madre de Sonia, una alumna de grado medio de Formación Profesional entró a mi departamento llorando y gritando que no se había hecho nada por su hija. Había ingresado muy grave en el hospital Gregorio Marañón de Madrid tras un intento de suicidio. Tiene 17 años y muchos informes psicológicos en el archivo de la secretaría del instituto. De niña fue diagnosticada de TDA-H en Primaria y luego de un trastorno de conducta en Secundaria. La habían visto cuatro orientadoras en el cole y dos en el instituto y tenía una cita de Salud Mental para dentro de tres meses. Sonia no pudo esperar.

He trabajado como orientadora en la comunidad de Madrid y esta escena es bastante habitual. El pasado curso escolar la dirección de mi centro me pidió conocer cuál era el número de chicas y de chicos adolescentes que había derivado a los servicios de Salud Mental. Fueron 21, un 5% de los 600 alumnos y alumnas de ESO, Bachillerato y FP del instituto. Este porcentaje es similar al del resto de los institutos de Madrid. Los datos servirán para detectar las necesidades de derivación a los servicios de salud de los centros educativos dentro del IV Plan de Infancia y Adolescencia 2020-2023 del ayuntamiento madrileño.

Pero la derivación no les garantiza que sean tratados a tiempo, como le ocurrió a Sonia.

La orientación educativa es el primer eslabón de la cadena de atención de la Salud Mental. En ella comienza la carrera de fondo que recorren miles de familias que piden ayuda porque su hija o su hijo tiene problemas psicológicos y educativos. Es el primer recurso, una trinchera donde se previene cómo actuar y donde se detectan de forma temprana los síntomas del trastorno mental.

Los menores pasan más de 30 horas a la semana en centros educativos y es allí aparecen las primeras señales de alarma. Entre los perfiles educativos, el de orientación educativa es el único que asegura la preparación adecuada para realizar esta labor preventiva. Sin embargo, no tenemos suficiente visibilidad, la sociedad no conoce nuestro trabajo y también ignora cómo funcionamos.

En España, cada autonomía tiene su modelo de orientación educativa. En la comunidad de Madrid, en Infantil y Primaria se encargan de ella los Equipos de atención temprana y los de Orientación Psicopedagógica generales. Para la atención a los menores con déficits visuales, auditivos, motóricos o con Trastornos del Espectro Autista TEA están los equipos específicos. Todos son equipos interdisciplinares formados por diferentes profesionales, entre ellos los de orientación, que trabajan desde una sede central y no están en cada colegio. Acuden a los colegios según las demandas, una o dos veces a la semana, incluso cada quince días, dependiendo del tamaño del centro, del número de profesionales del equipo y de la zona de actuación. Algunas de las zonas establecidas en Madrid pueden demandar más atención, especialmente si en ellas hay mucha población en riesgo de exclusión.

Es lo que ocurre, por poner un ejemplo, en la zona de La Cañada Real, en la comunidad de Madrid, un poblado tristemente famoso porque sus habitantes llevan ya un año entero sin acceso a la luz eléctrica.

Este asentamiento alegal que creció desmesuradamente desde los años 60, abarca una extensión de más de 15 km y pasa por Vallecas, Vicálvaro, Rivas-Vaciamadrid y Coslada. De sus 8.500 habitantes, 2.500 son menores y sus necesidades psicoeducativas son enormes.

Varios equipos de atención temprana, generales e institutos atienden a los menores en esta amplísima zona del este de Madrid, pero los recursos son claramente insuficientes, ya que en su radio de acción hay ciudades de más de 50.000 habitantes, como Coslada (81.860) y Rivas-Vaciamadrid (84.893), junto con muchos pueblos más. Lo mismo sucede en zonas del sur, el oeste y del norte de la comunidad de Madrid.

Con el número de profesionales de orientación actuales es imposible atender adecuadamente a las necesidades de la población infantil de la comunidad.

Los estudios demuestran que la prevención temprana de los trastornos mentales y de las dificultades de aprendizaje es la más importante. Uno de cada 10 menores la necesitan, pero estas necesidades no se cubren en absoluto. Esto no pasa solamente en Madrid, sino también en todo el territorio nacional.

Necesitamos una mayor presencia de la orientación en los servicios educativos y sociales, especialmente en Infantil y Primaria, donde la Psicología y la Orientación debería jugar un papel esencial.

El lío al que se enfrentan las familias de los menores que precisan una primera atención psicológica y sanitaria es monumental y depende de las peculiaridades de cada autonomía. PATDI, la plataforma por la atención temprana y los Derechos de la Infancia con Diversidad Funcional de Madrid, lleva tiempo reivindicando que desde el Sistema Nacional de Salud se establezcan unos mínimos para coordinar esta atención. En Madrid hay 1.660 niños y niñas en lista de espera para acceder a una plaza de atención temprana que pueden ser de hasta 4 años. Muchos más ni siquiera pueden pedir la cita porque no han sido todavía valorados por el Centro Regional de Valoración (CRECOVI), que tiene de media 8 meses de retraso para ese trámite. Las familias, desesperadas, no saben dónde llamar, a quién reclamar ni qué hacer. Muchas no pueden pagar un tratamiento privado, cuyo coste es de media 70 euros por hora.

La orientación educativa encuentra en la coordinación con los servicios sanitarios un primer bache para derivarles al alumnado. Las familias de los menores entre 6 y 15 años deben pedir cita a su pediatra y conseguir que éste les derive a Salud Mental. Las citas se alargan en el tiempo y a veces el proceso es demasiado largo para la urgencia del problema. Deberían establecerse unos protocolos eficaces y rápidos de coordinación entre educación y los servicios de salud que garantizase que desde los servicios de orientación se ha detectado un problema lo suficientemente serio como para que se le de prioridad, pero esto no puede suceder porque no hay profesionales suficientes en la salud mental para atender las demanda. Hay chavalas como Sonia que no pueden esperar.

Por otro lado, si las orientadoras y los orientadores formáramos parte del día a día de los colegios de Infantil y Primaria, se podrían atender a muchos más escolares, algo que en España solamente sucede en el País Vasco, Navarra, Asturias, Melilla, Ceuta y Castilla-La Mancha.

La situación es diferente en Secundaria, donde se trabaja dentro de los centros, en departamentos de orientación. Pero no dedicamos todas nuestras horas a la atención de casos individuales ni mucho menos, ya que desempeñamos otras muchas tareas (horas de docencia, reuniones con profesorado, tutores y familias, desarrollo e impartición de programas, talleres, charlas, etc…).

Según un informe de COPOE (Confederación de Psicopedagogía y Orientación en España) en nuestro país hay de media un/a profesional de orientación por cada 800 estudiantes, llegando en algunos casos a 1000, cuando la UNESCO recomienda que haya un orientador/a por cada 250 alumnos,

Este curso en Madrid, debido a la pandemia, muchos institutos disponen de un/a profesional más a media jornada, pero sigue siendo insuficiente. En los centros de Formación Profesional las labores de orientación las tiene que realizar el profesorado de FOL (módulo de Formación y Orientación laboral), pero es un perfil más docente que orientador, no teniendo una formación específica para atender los problemas del alumnado. La demanda de atención en FP es incluso es mayor que en las etapas de ESO y Bachillerato, ya que muchas veces esos chicos y chicas han tenido dificultades de aprendizaje en los cursos anteriores y han ido acumulando muchos problemas psicológicos. Al igual que sucede en las etapas educativas tempranas, en la FP se echa de menos la presencia de un/una profesional de orientación en cada centro. Por eso no pudimos atender mejor a Sonia.

Además, no solamente somos una figura clave para detectar problemas. Cumplimos una labor de atención psicológica específica en el ámbito educativo y somos unas figuras de referencia para los alumnos/as. A veces nos convertimos en las únicas personas en las que pueden confiar, en las únicas personas de su entorno cercano con las que pueden hablar de lo que les preocupa, de aquellas cuestiones de las que nunca hablan con nadie, ni siquiera con sus amigos o sus familias. Si no tenemos tiempo para atenderles adecuadamente, no podemos ser un servicio más eficaz.

Poca gente sabe que, aunque atendemos a una franja de edad entre 0 y 18 años, a la orientación educativa se accede por concurso-oposición dentro del cuerpo de profesorado de Educación Secundaria. Es una anomalía que sucede desde 1990, desde la reforma educativa de la LOGSE.

Otra dificultad que compartimos con el funcionariado del país y con los docentes es el de la interinidad, que en España es de un 28%. En la comunidad de Madrid, este curso hay un total de 1470 especialistas de orientación educativa y de ellos 1376 son interinos/as. Esto significa que el 93% no ocupará un puesto fijo en un centro o en un equipo hasta pasados varios cursos. Incluso cuando se obtiene la plaza, la movilidad hasta lograr tener una plaza definitiva es de varios cursos. La falta de estabilidad en un puesto laboral es siempre un problema, pero se convierte en un verdadero drama y en algo absurdo e ineficaz cuando hablamos de orientación psicopedagógica. Cada profesional interrumpe el seguimiento y la intervención en cientos de casos individuales cada curso, dejando a las familias y a los menores sin la persona que les atiende en unos periodos psicoevolutivos sensibles, cambiantes y críticos. Y además, ahora, en medio de una pandemia es un disparate.

Como ha manifestado el Consejo General de la Psicología de España, se requiere una mayor presencia de psicólogos y psicólogas en orientación, puesto que es allí donde se previenen los trastornos mentales que llenarán las consultas de los psiquiatras.

La orientación educativa necesita una reforma profunda y dotarla de más inversión, más personal y más recursos.

Hemos empezado a construir la casa por el tejado y las administraciones deberían acompañar al Plan de Acción 2021-2024 Salud Mental del gobierno con otras medidas que tuvieran en cuenta la labor de prevención que desempeñan las trincheras educativas de la orientación.

Psicól.: Raquel Barrio Lera.
Psicóloga y orientadora educativa. Máster en Neuropsicología y Educación.